فَإِذَا جَآءَتْهُمُ ٱلْحَسَنَةُ قَالُوا۟ لَنَا هَٰذِهِۦ ۖ وَإِن تُصِبْهُمْ سَيِّئَةٌۭ يَطَّيَّرُوا۟ بِمُوسَىٰ وَمَن مَّعَهُۥٓ ۗ أَلَآ إِنَّمَا طَٰٓئِرُهُمْ عِندَ ٱللَّهِ وَلَٰكِنَّ أَكْثَرَهُمْ لَا يَعْلَمُونَ
Cuando les sonreía la fortuna, decían: «¡Esto es nuestro!». Pero, cuando les sucedía un mal, lo achacaban al mal agüero de Moisés y de quienes con él estaban. ¿Es que su suerte no dependía sólo de Alá? Pero la mayoría no sabían.
Cada vez que el pueblo del Faraón experimentaba riqueza, buenas cosechas y una economía próspera, decían: “Es porque lo merecemos”. Pero si les acontecía una desgracia, como sequía o hambruna, enfermedades y otras dificultades, entonces culpaban a Moisés y a los hijos de Israel que estaban con él por su infortunio. Sin embargo, las desgracias les sucedieron por el decreto y el permiso de Al-lah, y ni ellos ni Moisés u tuvieron responsabilidad alguna en el asunto, excepto por las súplicas de Moisés contra ellos. Pero la mayoría de ellos lo ignoraban, y atribuían los acontecimientos a otras causas y no al decreto de Al-lah.