وَمَثَلُ ٱلَّذِينَ كَفَرُوا۟ كَمَثَلِ ٱلَّذِى يَنْعِقُ بِمَا لَا يَسْمَعُ إِلَّا دُعَآءًۭ وَنِدَآءًۭ ۚ صُمٌّۢ بُكْمٌ عُمْىٌۭ فَهُمْ لَا يَعْقِلُونَ
Los incrédulos son como cuando uno grita al ganado, que no percibe más que una llamada, un grito: son sordos, mudos, ciegos, no razonan.
Estos incrédulos se asemejan, en su voluntad de imitar a sus ancestros, a los animales que son llamados por su pastor. Escuchan la voz de su pastor, pero no comprenden sus palabras. Estas personas son también sordas y no escuchan la verdad para poder servirse de ella, son mudos porque no pronuncian las palabras verdaderas y ciegos porque no quieren ver la verdad. Esta es la razón por la cual no aceptan la guía a la cual tú los invitas.